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Luna Llena

martes, 14 de febrero de 2017

porque te quiero...



Entraste en mi vida, precediendo de una noche al día donde la luz y las miradas confluyen en un mismo color, donde el aire se refina con la madrugada, como la primavera en el hueco dejado por el invierno y la brisa boreal generada por la risa contenida por una mueca a tiempo.
Porque te quiero en palabras, en hechos y en miradas. 
Porque fui persiguiendo estrellas y me cogiste la luna; eres mi vivo interés. 
Porque haces sacar en mi escaparate lo mejor de mi, ocultando sin pena ni gloria mis defectos.
Porque evitas reconocer los pecados capitales.
Porque ejerces de protector ante el acecho de la locura.
Porque consigues que no caiga y pueda levantar mi triste corazón, inesperadamente. 
Porque te quiero no volver a ver triste... Porque te quiero y punto.
Porque me coges de la mano cada vez que me siento solo. 
Porque me regalas vida con tu voz.
Porque te quiero por que vienes a mi, sin arrepentimientos, sentirás.
Porque eres de corazón, de caricia bien, de beso furtivo, de vida vivida.
Porque atravesaste en mi.
Porque te quiero en gracia y en locura.
Porque mi amor nace como la noche de inagotable ausencia, de vacíos espacios, de perpetuo y giratorio sentimiento sobre el rastro lunar del que más ama... y en tus ojos me confirmo y tiento cuanto amo... ¿Me oyes, amor?

sábado, 16 de julio de 2016

primer día



Perfecto distingo lo negro del blanco. Nervios. Sentimientos encontrados; por un lado la nostalgia de encontrar una sonrisa y una palabra amiga, por otro sentir la soledad del nuevo. Era yo el nuevo en un edificio de cristales reflectados por un inmenso sol, el acero acondicionaba la majestuosidad del centro. No podía pensar en los treinta y cinco minutos de viaje, ni leer... me sentía pequeñito.
Seguridad. Visita, en mi credencial. 
Me pareció imposible que yo fuera capaz de subir, de escalar hasta arriba. Firma. Enhorabuenas. Etapa cerrada. 
Recordaré, los buenos momentos del leal de Pablo Neruda, de lo que construí y de lo significa, en un momento, trece años... de estos, solo tú, amiga mía, adorarte fue para mi obsesión, pero pronto estaremos juntos de nuevo...
Planta Tercera. Al cruzar el umbral de la puerta miles de pensamientos se arremolinaban en mi mente: "y si no sé hacerlo", "y si me equivoco", "Me da miedo qué pensarán"... 
Cercanía. Sin coartada, me brindan una bienvenida. Besos sinceros, apretón de manos directos, besos de soslayo, besos interrumpidos... Intentaba hacerme un hueco entre carpetas de cartón, grapas, y varios clips desordenados como mi presencia. 
Palabras tranquilizadoras. Descubriendo. Agobios. Estaba ahí, sin poder creerlo. 
Perdí mi fe en mí, dejándola marchar. No comprendía nada y me perdía en el tiempo, sin descuido. Ganas de aprender. 
Y entre esta multitud de sentimientos, el hombre que yo amo... que sin él sería imposible enfrentarme a los nuevos retos. Creer. 
Calcé unas botas de agua para saltar los charcos, felicitaciones por encontrarme allí, mano tendida y derroche de energía. 
A cada paso que daba con sumo cuidado. Mujeres que hablan. Mujeres que entablan mecanismos de falacias. Espacio grande, yo pequeño. Crecía.
El viernes resultó ser una prueba de contacto, retomé mi camino y me di cuenta que sí, que estaba bien... Atravesé mi memoria y "reseteé" sintiéndome aun mejor. 
Allí dejé el edificio que me acogerá a partir de ahora... Paisajes urbanos quedan cerrados en mi retina, mis pies cansados avanzan, cuando al fin entendí, dejé de tener miedo.

Silencio.

sábado, 14 de mayo de 2016

Credo (un 14 de mayo)

Cada mayo me cuesta revivir los antiguos miedos, esos que permanecen en la parte de atrás de la conciencia, colindando con los sentimientos y que se agravan con la edad; el haber perdido una despedida por la que, desde entonces, ando malherido y sin poder mover los pies del suelo, me pierdo en este echarte de menos, apagándome poco a poco. Es duro sentirse hueco, es duro buscarte y no hallarte... Esa fisonomía vacía que protagonizas tú, madre, y que en algunos momentos araña mi alma, oxidando estas entrañas mías. 
Derrumbado en estos malditos ocho años, analizando los porqués, esas conjeturas y pensamientos se vuelven dolor, un dolor que muerde la ausencia de tu vida frente a la mía. 
Dame ese amor al que me acostumbrabas y líbrame de esta condena, poder cerrar los ojos y alcanzar ese instante nuestro frente a un mundo que se inclina. 
Mis días son tuyos. Mi soledad, mía. Ansioso de poder fundirme en tus brazos, y embriagarme con la estúpida primavera de esos claveles rojos de tu piel... 
Son ocho y pesan como quintales de pena viva que en cada segundo mezclan esos recuerdos y esos sueños anclados en mi mundo interior como el vagabundo que da tumbos y sin aliento, y cree en la esperanza de que mis labios inunden de besos tu amanecer. 
Retengo cada momento de esas angustiosas 24 horas, en las que me aferraba a tu cama y susurraba desde tu libertad, descansa madre.
Es verdad que dicen que cuando alguien importante se marcha, algo en tu interior enloquece y en el alma se abre una grieta en carne viva que gana camino a esa locura que forma la espiral del delirio perenne de suspiros, pasos errantes, viviendo un descontento, ajeno al desaliento.
Gratitud es lo que llevo en mi maleta como motor de  esa cordura y sensatez que me inculcaste, sin temor,  sé que el tiempo me ayudará a volar.   
Seré lo que soñaste que fuera, y gritaré, en el vacío de mi desnudez, que te debo la vida.  
Lanzaré esos besos al aire para que revoloteando busquen tu cara y estallen entre tus nubes. 
Yo seré un pasajero más de este viaje circular, ¿dónde está el sueño? Me entristece no saber si ese hilo, entre lo que digo y callo, es el gran intervalo de mis miedos. 
Superaré la incertidumbre de vivir la vida sin ti. 
Te quiero madre... 
Siempre... Má.

domingo, 8 de mayo de 2016

Hoy igual que ayer...

Quería apartar lo que ya pasó, sin reconocer que ninguno fuimos buenos... borrando los recuerdos, demolerlos, sufriendo, porque pensamos que no teníamos remedio. Volver. La cuenta se perdió. Los hechos se disiparon con los errores que yo mismo cometí. Se hizo el silencio. Un silencio que quedaba. Perduraba ese silencio por ocho años. Perdimos los dos. Estupidez, desconsuelo y fragilidad a partes iguales. 
Morimos en la espera. 
No comprendía nada, ni los días que pasaba sin saber de ti. Me perdí en el tiempo que sucedía sin esbozar o trazar un perdón por mi descuido, y que entrara el aire, dejando que la rutina fuera una de nuestras circunstancias. 

Tan lejos, tan cerca, siempre permanecías como las flores abiertas en primavera, despertando la cordura y el olvido de esa perspectiva. 
Sabía que el receso terminaría, y la amistad volvería a florecer...
Tú me buscabas en cada acorde en la inmensidad de nuestro sonido y yo nervioso evitaba verte porque tenía ganas de volver a quererte, ese quiero querer producía un te quiero tanto

Al recibir tu respuesta, estremecí y un ligero miedo alteró el precipicio del sentimiento. Pero quería volver a estrecharte en mis brazos, y regalarte, como siempre, el hueco de mi abrazo. Profundizar en las cosas perdidas, dejarnos caer abriendo las puertas que dejamos cerrar. Tus manos en mis ojos, bucear entre tus lágrimas, o correr entre tu risa... Eso quería. Por fin, volvimos a creer en nosotros. Alimentándonos como animales hambrientos. 

La lluvia purificó y nos ha hecho simplemente sentir. La búsqueda humedeció nuestro corazón que vuelve a latir al mismo son, porque somos instantes. 
Ya no me quedaré sentado viendo como todo recuerdo se pierde, ahora viviremos juntos nuestros sueños. 
Seguro que ninguno de los dos pensamos ni por un momento, que jamás nos volveríamos a ver. 
Ahora nos queda mucho por descubrir, por hilvanar y recordar los jovenzuelos universitarios que fuimos. No dejemos nunca más esas palabras en vilo, ni la inquietud cerrada. Evolucionamos hacía un deseo mejor: cambiar lo que perdimos, por lo que ahora hemos ganado. Hoy igual que ayer:
Te quiero,
Má.



miércoles, 2 de diciembre de 2015

Abandono

Se agazapó sobre sus palabras, comprendí por un momento que estaba sola cuando me asomé a sus labios, aquellos que tantas recomendaciones, consejos y reproches habían lanzado. Las palabras convertidas en promesas, dejaron al tiempo sin recuerdos, solo un mero espectador de una desdicha, prisionero de tus hechos, de tus triunfos.
Ella, subterránea, acabó por esconderse y el ciclo se cerró. Me incorporé en la lejanía de mi tristeza, esperando, y hallé un vacío tremendo. La distancia era cada vez mayor que turbaba mi paz interior. 
Fue solo un quizá, un temblor que hizo que se disipara la nostalgia. Comprendí que ella solo acaricia el caballo cuando ha de montarlo. Eso fue, porque nadie tiene experiencia sin actos y nadie puede vivir sin moverse. Silencios y cobardías. Dejaré que envuelva su incertidumbre en un adiós. 

viernes, 18 de septiembre de 2015

El Alud.


Contó hasta diez para organizar todo lo que se le venía encima. Adicta a los enamoramientos fugaces, aquellos a los que de inmediato no regresan. Enganchada a los vínculos instantáneos que destruye en apenas unos momentos, en un sonido de una palabra o en un abrir y cerrar de ojos.
Aferrada a un pensamiento ajeno, a una llamada de teléfono, a un inquietante principio de un final, de un prometo y un camino hacia una puerta abierta, atropellada por los pensamientos y sentimientos fugaces.
Manuela no podía ser feliz aunque quisiera.
Un sonido movió el sueño de su existencia, marcó su ritmo excitante de una mañana que no dejaba que entrase en la caótica habitación en la que vivía. Tal vez esa era la respuesta por la que ella creía no estar lista para ese momento. Preparada o no, tenía que pasar a otra etapa y cerrarla. 
Preparó café y se sentó a contemplar por última vez los pliegos encuadernados de papel, rozando con un dedo la portada, y una sensación de paz embargó su cuerpo que rompió en mil añicos por la emulsión de un pensamiento: El atuendo que iba a vestir. 
Manuela no podia retener los momentos vividos, porque todos ellos giraban vertiginosamente en los parámetros de su razón, de un análisis perpetuo y sus limitaciones. 
Temía que sus ecuaciones emocionales le llevaran por otros terrenos más farragosos, anclados en varias mujeres de su familia. 
"No hay garantías, ni avales para poder creer en una misma".- musitó.
La ducha la tranquilizó. Se recogió el pelo y dejó su cara en todo su esplendor; calmando su palidez con un precioso tono tostado de maquillaje y el rojo de sus labios le hicieron parecer más segura. Se sentía guapa, por momentos se quería. 
Paró un taxi. Entró subida en unos tacones, pero el blanco de su vestido la delató. 
Un silencio cortante. Pulso acelerado. Se mordía el labio inferior. El tembleque de la mano convulsionaba rítmicamente cada latido. Saltó de la silla, tropezando con la quimera de sensaciones.  
El tiempo se detuvo en los besos, en los abrazos, en los cuerpos desconocidos, en las sonrisas ajenas, en los aplausos al aire. Sin darse cuenta no lo quiso entender, bebía de esos destellos de celeridad de un éxito que llegó como si nada. Luz. Oscuridad. Luz. Oscuridad. Luz.
Manuela no sentía su estado sólido, porque el sueño era etéreo y nunca se había parado a pensar que lo podía conseguir. Dudó si el anciano que le esperaba al final de la pasarela de multitudes, para besarla, sería de verdad.  
"Gracias a todos. No sé si me lo merezco. Pero estoy aquí, nerviosa y al acecho de la locura transitoria.  Puedo quedarme quieta sin moverme en este suelo de plexiglás sin articular palabra, pero quiero que mi boca ría, y pueda disfrutar de todo esto, porque mi cielo de mentira hace de la frivolidad un modo de vida. Y mi amada Rosa, la que ustedes conocen bien, a la que ustedes han querido y premiado, enciende la máquina de volar en busca de nuevas aventuras. Gracias de verdad por el premio y dar voz a mi yo interior como dos melodías que confluyen para ensanchar la belleza de mi obra." 
Bajó del escenario y moviendo la cabeza en una pequeña reverencia se alejó de la sonoridad del éxito.
Respiró a partes iguales el humo de su cigarrillo y el aire condensado en lluvia. Lloró. Gritó. El azar jugó sus cartas y ganó. 
Al regresar a casa, Manuela suponía que era demasiado excitante pensar en el siguiente, en quién le estaría esperando ahí fuera y que aún no conoce. La pequeña mancha de sangre en su vestido blanco era ahora una realidad. 

jueves, 14 de mayo de 2015

tan solo un segundo...

Querida mía, todas las madrugadas de este 14 de mayo revivo tu marcha, un duermevela inquieto y una presión en el pecho impiden alcanzar ese sueño nuestro que nos une. 
Recuerdo esa hora marcada de ese mayo hinchado en flor, entrando la primavera de ese año sin llamar, llenándome de vacío por momentos, hueco abandonado. 
El olor de tus manos a jazmín de esa crema que te gustaba y que me pedías que te echara. Esa madrugada sentado ante ti y con la cabeza entre tus manos me preguntaba mil y una cosa: ¿por qué? No podía creer que llegaría el final. No puede ser verdad, esta angustiosa calma que parecía que nunca iba a acabar. Solo susurraba: descansa madre, quédate conmigo. Había tanto por hacer aun, tanto por compartir. No podía ser un hasta siempre, me negaba a ello, por eso todavía es difícil aun pensar que ya no estás, es difícil imaginar que no te veré más; fíjate, madre, que a veces siento que tu rostro se borra de mi memoria, me agobia y enseguida despliego todas tus fotos, es entonces donde encuentro la paz.  El tiempo pasa y el hecho de no tenerte continua doliendo y sé que continuará hasta el fin de mis días. Siempre. 

Fuiste tanto para mi, que es imposible dejar de pensar cada segundo de mi existencia, por una imagen, un sonido, un olor, cualquier momento me deriva a ti. Ha pasado ya ocho años y no he dejado de pensar en los sueños que me contabas, pero ya he perdido la inocencia que nació conmigo, daría lo que fuera por tan solo un segundo entender a qué lugar le llamas cielo: mi cielo congelado en ese segundo. 
Si pudiera abrazarte sentirías cuánto te echo de menos, 
Si en tan solo un segundo tuviera un instante de ti,
en tan solo un segundo pudiera rozar tus labios...
Solo en ese segundo escapar y ocupar el hueco de tu abrazo...
El principio y el fin de esa eternidad que abrasa mi alma, aunque reviva cada segundo vivido contigo, tan solo vivir.
Vivir tan solo un segundo, abrir ese momento a ti, contarte todas las cosas que me hacen sentir... 
Ese segundo lo alcanzo a diario con la imaginación y siento mi alma escapar a tu lado. En ese segundo soy feliz y aprendo a vivir mi vida sin ti. Un día más, un año más y por tan solo un segundo, me hace feliz, verte a mi lado, madre.

Te extraño tanto, tanto como mi amor. Te recuerdo y renacen tus abrazos y palabras de aliento, por eso, no entiendo por qué amando tanto, puedo estar tan vacío. 

Tan solo un segundo, me devuelves la calma.

te quiero, siempre.
Má.