Seguiré por siempre
El café humeaba y como un autómata miraba a través de la cortina en un punto fijo, mientras los rayos de sol adentraban como una aguja en mi piel. La mañana no movía mi café, quizá las insulsas arrugas del pijama para hacer el ademán de despertar. Unas rebanadas de pan de cereales tornaban en un color ocre y mis labios esbozaron una sonrisa abierta que hizo volverme a la realidad, a una realidad cercana, a la que en días volvería como el agua que evaporó... Como el amor de verano. Como el dolor que se convierte en pena...
Se manifestaba en una espera, en una incertidumbre... Al
Menos he estado dos horas sin pensar, algo es algo, pensé, mientras daba pequeños sorbos de un café tan amargo como mis sentimientos...
Mi ventana se convierte en mi cómplice, observo el mundo, tranquilo y sereno... sin tocar fondo.
Me desnudo poco a poco para que el agua de ducha despierte de este letargo que me tiene absorbido, música, susurros de una melodía tierna y simplemente un deseo. Mi deseo.
Aunque tenga las heridas bien abiertas, seguiré por siempre amando y queriendo a quién sepa quererme como a mi me gusta... porque yo seré valiente en corresponder...
“Finalmente descubrí tus besos
Me enredaste en tu mirada
Me abrazaste con todos mis defectos
Tú sí sabes quererme, tú sí sabes adorarme mi amor...
Para siempre amarte
Corazón, tú sí sabes quererme como a mí me gusta
Soy la flor encendida que da color al jardín de tu vida
Corazón, tú sí sabes quererme como a mí me gusta...”
Pintura: “Pigmalion y Galatea" de Jean Léon Gerome, 1890.
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