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Luna Llena

martes, 19 de octubre de 2010

El Sueño de Jacob



Alcanzada la pubertad, creo que en primero de BUP, me mandaron realizar un trabajo sobre el museo del Prado; evidentemente era un adolescente que no sabía para que lado estaba peinado y cuando oí a la profesora determinar la actividad lo único que solté fue un rebuzno quejoso.
Consistía en establecer los periodos pictóricos del todo el museo y elegir, a modo orientativo con la asignatura de Historia de las civilizaciones occidentales, varias obras de cada movimiento pictórico visto en clase.
Me pareció un coñazo soberano eso de entrar al museo y recorrerlo sin entender nada, abrirte camino entre las salas de los primitivos flamencos, o en una circular, en la planta segunda donde se encontraba las obras de Velázquez... Adherirte como una sucia sanguijuela al guía de turno que hablase en español, porque si no íbamos listos, hasta la fecha no sé chino, ni alemán, algo de inglés pero en cuanto desplegara la jerga artística, no entendía nada de nada... Encontré un guía español, algo sobrado de facultades, y muy muy chulito.
En un aparte, le pregunté sobre mis cuestiones a realizar en la actividad, y él con sorna me introdujo a la velocidad del rayo mediante un cuadro sinóptico, los movimientos artísticos, pintores, obras y periodos... tuve que caminar bajo las miradas atentas de dioses, heroínas, majas, trovadores, amados y amadas, desterrados, monstruos, enanos, viejas, reyes, reinas, campesinas, pastores, vírgenes, cristos, naturalezas muertas, sátiros, brujas, gordas, y un sinfín de personajes plasmados en mi retina con difusión de múltiples colores mezclados en la paleta de mi alma. Entre la música que portaba mis oídos de mi viejo discman y las obras, mi espíritu comenzó a respirar, a emerger entre la pus enquistada de mi edad tierna (ni barba tenía), y como si de un hostiazo en el cogote, comencé a fascinarme por el museo.
Estaba indeciso, recorrí varias salas de mis pintores favoritos, en esa época, porque ahora, hoy en día la inclinación por uno u otro ha variado, como ha variado mi peso y mi talla... ¡Ay, Dios!
De Rubens me fascino "Las tres Gracias", tres gordas sin pudor, mostrando su cuerpo serrano, lleno de curvas, al espectador, con grandes sonrisas; composición elegante de las tres mujeres agrupadas en figuras frescas, palpitantes, sin hacer honor a su temática, Rubens las idealizó porque son las diosas del encanto, la belleza, la naturaleza y la fertilidad, por eso lo de sus carnes mórbidas... ¿por qué intentamos darle un sentido a la belleza, si cada cual tiene su ideal?
Hizo, en tan solo un segundo, ruborizarme, sentir el gusto de lo que no es complejo, y sobre todo ayudar a conocer mi cuerpo; en aquellos años, apuntaba maneras de crecer como un gordito reflejado en el séquito de Afrodita, de donde Rubens plasmó la escena.
Otro de los cuadros de los que quedé seducido fue "Doña Juana la Loca" de Pradilla y Ortiz, que representa un momento del trayecto que doña Juana hizo con el cadáver de su esposo, desde Miraflores a Granada, donde se iba a inhumar; La reina Juana me cautivó desde el principio porque representaba la pasión arrebatadora de un amor no correspondido, la locura por el desamor y los celos desmedidos. En la obra, doña Juana centra la composición, como mis ojos abiertos a la escena, como si el fuerte viento del momento despertara mis lágrimas ayudadas por la conmoción de la protagonista, erguida, con la mirada perdida, impasible ante las inclemencias del tiempo... como si quisiera encontrarse con su esposo en e más allá, alrededor, las damas y caballeros de su séquito miran atónitos y sobrecogidos a su señora.
Tenía dos cuadros, necesitaba uno más, paseando después de la emoción de Juana, me adentré en las estancias donde descansan las pinturas barrocas españolas, buscando, me senté en un banco, a mi lado una mujer amamantaba a su hijo enfrente de la obra "Las Hilanderas" de Velázquez, un fotograma precioso que emocionaba.
Al girar la cabeza, encontré por casualidad, un lienzo discreto, sencillo, que me sedujo desde su narración muda, hasta contemplarlo frente a frente, paralizado, descubriendo verdaderamente el misterio de la obra...
"El sueño de Jacob" de Ribera, ofrece al espectador el sueño misterioso de Jacob, según el Génesis, quien vemos dormido, recostado sobre el brazo izquierdo. Destaca la escala de luz por la que vemos subir y bajar los ángeles, bajo un cielo prodigioso en las tonalidades azul y gris.
Me transmitió serenidad, sosiego, descanso por la escena luminosa y un silencio claro sin quebrarme aportando vida. No vagaba perplejo en esta realidad tan pura y veraz en la que reposa el pastor, agotado, de ser un único eco en la acción. No quiere escapar, le rodea el sueño, le apresa el respiro. Es como si dijera en sueños:
- ¡No sé qué hago dentro de tu sueño!
En las postrimerías de la irrealidad yo ejercía de maestro de ceremonias y mi lienzo tercero producía en mí un tormento...
¿Por qué dormía, y mientras dormía soñaba?, pensaba mientras de vuelta a casa, imaginaba mirando a través de los cristales, respuestas imaginarias, ilusionadas.
Soñaba con tus ternuras, y con tus gestos de amor; seguirá soñando con tus tiernas caricias, y no despertaría nunca, porque descubriría que todo fue un sueño, por eso el autor, lo dejó tendido frente al placer más infinito que es dormir, dormir sobre el témpano de la distancia entre el cielo y la tierra. Jacob quiso dormir y yo soñar para siempre.


"He aquí yo estoy contigo y te guardaré por dondequiera que vayas"
Génesis 28:15

3 comentarios:

  1. Miguel que bonito, que bien descrito y cuanto disfruto de tu visión pictórica ¿para cuando una escapadita al Prado y empaparme de tu saber? ...Dormir y soñar...que bueno, si que es verdad que es un placer.

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  2. Otra de mis asignaturas pendientes. Qué bueno, Miguel. Qué bueno tu sensibilidad, qué bueno tu viaje al centro de tu alma desde el Prado. Qué bueno haberte conocido, bonito.

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